jueves, 8 de mayo de 2008

EL SÍNDROME DE PETER PAN

El tiempo me persigue.

El tiempo es como un monstruo que se va tragando todo lo que encuentra en su camino, va devorando y destruyendo a su paso y nadie es lo bastante fuerte como para detenerlo... va avanzado así, rápidamente, y cuando uno se da cuenta ya no puede volver atrás.

Estoy harta de mirar todo el "tiempo" mi reloj para todo, y me duele mucho porque cuando estoy pasándolo bien con mi familia, con mis amigos, el tiempo me persigue, el reloj me persigue, el tic tac me persigue porque hay obligaciones que me buscan...

Quisiera darte un día, un sólo día en el que pudiera estar sin mirar el reloj. Quisiera ser de nuevo una niña para reír por nada, llorar por nada, emocionarme con todo, saltar de alegría, gritar, cantar y montar en los columpios en el parque... pero ahora no puedo. Si lo hago me miran raro y comentan entre ellos.

Creo que todos llevamos un niño dentro, ¡¿por qué los mayores no entienden eso?!



PARA TODOS MIS NIÑOS A LOS QUE QUIERO Y ADMIRO

lunes, 28 de enero de 2008

El mágico bosque de HUELGOAT

El día 21 pasamos toda la jornada fuera de nuestra pequeña "casita". Preparamos unos bocadillos y nos fuimos a Huelgoat, donde habíamos oído que había un bosque interesante. La verdad es que no ibamos con muchas esperanzas porque llovía bastante y no nos apetecía pasear por un bosque. Pero... nos sorprendimos una vez más.
Os cuento: llegamos a Huelgoat y como no encontrábamos nada inetersante nos ibamos a ir cuando de pronto vimos un cartel donde ponía "La Roche Temblante" y una flecha indicaba el lugar. Movidos por la curiosidad fuimos hasta allí y descubrimos un bosque verdaderamente mágico, el bosque de Huelgoat. Un lugar de cuento de hadas.
Primero paseando por aquel paraje donde parecía haber elfos y duendes espiandote tras las rocas, vimos un lugar sobrecogedor llamado "La Gruta del Diablo": unas escaleras empinadas y estrechas bajaban hasta un pequeño cubículo oscuro y resbaladizo entre rocas y agua que realmente daba miedo. Pero mereció la pena bajar hasta allí (aunque nos empapamos a pesar de llevar los típicos chubasqueros amarillos).
Después continuamos y nos encontramos "La Roche Temblante", una roca gigante que según cuentan pesa 100 toneladas y que se puede balancear si la empujas en el lugar adecuado (que por supuesto nosotros no encontramos).
Más adelante nos encontramos con una serie de rocas dispuestas en un agujero con formas diversas, agrupadas en lo que se conoce como "Menaje de la Virgen". Allí se supone que se veían pucheros, cazuelas y otros utensilios de cocina pero echándole unos kilos de imaginación.
En un claro del bosque, escondido entre las rocas gigantes llenas de musgo, descubrimos un rincón de ensueño con una pequeña terracita que parecía un oasis en medio de un desierto. Allí hicimos un alto en el camino para tomar algo y disfrutar de lo que nos rodeaba.
Luego volvimos dando un paseo amenizado por los músicos que había por allí, un falutista, un gaitero... que te transportaban aun más a ese mundo de fantasía en el que habíamos entrado.
Al salir del bosque y volver a la civilización, buscamos un sitio para comer los bocatas que habíamos preparado. De allí fuimos siguiendo la ruta de "Francia por otros caminos", pasando por carreteras sinuosas y pueblos perdidos, hasta llegar a la iglesia de St. Gildás, en medio de la carretera, desde la que se tenía una buena vista de los campos y bosques de esta zona tan maravillosa.
De ahí regresamos al camping y tras una ducha, tuvimos que cenar dentro debido al frío y a la humedad. Fue un día muy divertido y agradable.
Os quería subir una foto de uno de los gaiteros del bosque pero no me ha sido posible, quizá no funciona hoy esto pero os prometo que en cuanto pueda la pongo.
Besos a todos y gracias por leerme.

martes, 6 de noviembre de 2007

¡¡¡OSTRAS!!!




El 20 de julio, nos levantamos y salimos algo más tarde del camping, casi a las 11. Menudos dormilones, je je. Fuimos a ver el Monte Menez-Hom, desde el que en teoría se ve la forma del mapa de la península de Crozón, con forma de hoja. Hacía mucho viento y frío y la verdad es que allí no se veía nada de eso a no ser que tuvieses mucha imaginación. Aun así, había buenas vistas y el sitio era precioso.
Después fuimos a visitar la punta de Pen-Hir, qué bonitoooooo. Nos arrepentimos tanto ayer como hoy de no haber llevado bocatas y sentarnos por allí a comer con esas espectaculares vistas al borde del mar en la costa rocosa de Bretaña. Después de pasear un rato por allí nos bajamos a comer a un pueblecito cercano, Camaret-Sur-Mer, a un restaurante en el puerto llamado Chez-Phillipe que también salía en nuestra guía. Allí nos zampamos cada uno un plato de ostras como el que se ve en la imagen, era alucinante lo buenas y baratas que estaban, eso que veis era el primer plato del menú del día. Luego de vuelta al coche fuimos comiendo unos crépes y nos pusimos de chocolate... como niños pequeños.
Por la tarde visitamos unos alineamientos megalíticos de Lagatjar, 65 menhires. De ahí fuimos a ver unos restos de búnkers de la 2ª guerra mundial al borde de los acantilados que nos gustaron mucho. Por último, antes de volver al camping, paramos en un pueblecito llamado Playben porque la iglesia nos llamó la atención. Y no nos equivocamos, entramos y había un dúo de flauta travesera y órgano ensayando para un concierto esa misma noche (por lo que hemos visto, es bastante habitual el concierto gratuito en las iglesias de los pueblos). La iglesia era muy bonita, rodeada de un pequeño jardín verde con hortensias (cómo no) y un museo que en su día fue un osario. Y finalizado el día de vuelta al camping a poner lavadoras, descansar y organizarnos un poco. Cenamos a base de cervezas y fiambres típicos que habíamos comprado el día anterior en Locronan, y armamos un lío para abrir el toldo de la caravana... Pero esa es otra historia, no os aburro más. Besos a todos.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Locronan, "Pequeña ciudad de carácter"



Acurrucada en la falda del monte, rodeada de bosques, se encuentra Locronan con sus casas de granito azulado al pie de la torre cuadrada de su iglesia. Locronan ha sido declarada "Petite citè de caractère" y "Uno de los más bellos pueblos de Francia".

Es un pequeño pueblo peatonal, por lo que tuvimos que dejar el coche en un aparcamiento fuera del mismo (hasta el parking era bonito allí os lo aseguro). Se trata de una maravilla medieval que fue ocupada por los celtas en la antigüedad, sus calles están todas empedradas y hay espacios verdes y flores por todos los rincones. Fuimos paseando hasta la plaza central donde está la iglesia grande, esta preciosa plaza ha servido como decorado de más de 30 películas como “D’Artagnan” de Claude Barma o “Tess” de Roman Polanski.
Las calles de alrededor son todas una maravilla, como por ejemplo la rue Moal, el antiguo barrio de los tejedores que tiene al final una preciosa capilla, un calvario y una fuente; la rue Saint Maurice o calle de los artesanos; o la rue des charretes con dos de las casas más bonitas del pueblo. Todas ellas con edificios y tiendas que parecían sacadas de un cuento, no faltaba ni el típico carro con un caballo conducido por un tipo muy pintoresco.

Comimos pronto porque nos hicimos rápidamente al horario de estas gentes, a las 12:45 ya estábamos en una creperie en la plaza llamada "Ty-Coz", donde tomamos los mejores crepes de queso de cabra, bacon, champiñones... y unos dulces riquísimos de praliné o mantequilla salada.

Después de comer compramos algunas cosas de recuerdo, así como productos típicos de la gastronomía bretona como cervezas, mermeladas, merengues, chocolates, en fin, como veis hemos vuelto con unos kilos de más (tanto de felicidad como de relleno de michelines, je je).

El día continuó, pero eso os lo contaré más adelante porque creo que Locronan merece un espacio único e independiente (para disfrute personal ¿no creéis pájaros chicos?)

martes, 28 de agosto de 2007

Festival de Cornuaille en QUIMPER


La noche anterior cayó una buena tormenta y llovió bastante, con lo cual se nos mojaron las sillas. Pero al día siguiente amaneció con mucho sol y a ratos ¡incluso calor! con lo que no tardaron en secarse. Esto ya nos pasó otras veces con la caravana.
Por la mañana fuimos a Quimper. Aparcamos en un parking que era muy barato y céntrico, aunque muy pequeño, nos costó 2€ por 4 h. Nos encantó, una ciudad medieval con callejuelas auténticas y casas preciosas como las de la foto. Tiene una catedral con dos agujas, que estaban por desgracia en restauración.
Paseamos e hicimos compras de tatuajes y galletas típicas de mantequilla salada, luego comimos en la plaza principal, donde habían puesto una carpa con actuaciones con motivo de las fiestas de Cornuaille. Así que comimos cosas típicas de la región (mejillones, patatas, lacón y cerveza) mientras escuchábamos música celta y veíamos bailar a diversos grupos de gente, todo muy pintoresco y animado a la par que tranquilo (sí, aunque suene raro así era). De postre tomamos almendras garrapiñadas que compramos en un puesto por allí, así como los famosos "macarrones" que consisten en unas galletitas pequeñas rellenas de cremas de todos los sabores bretones.
Después de comer nos fuimos a Benodet, un pueblo situado en la desembocadura del Odet en un puerto deportivo lleno de barcos y casas espectaculares de piedra con jardines inmensos llenos de hortensias, ¿os he dicho ya que las hortensias estaban por todas partes? Pues sí, de allí fuimos a visitar el jardín botánico de Cornuaille, lleno de ellas además de otras flores y plantas preciosas de todos los colores. Tenía además un jardín acuático que parecía un paraíso de paz, con muchas ranas por cierto.
No se ha terminado aún el día no os creais. De allí fuimos a Loctudy para ver la llegada de los pescadores a la lonja, pero llegamos un poco tarde y ya sólo quedaba un barco y algunas gaviotas comiéndose los restos de pescado.
Ya bastante cansados como podéis suponer, volvimos al camping hacia las 20:30 h. con un ligero dolor de pies de tanto andar pero felices por el día tan bonito que habíamos pasado.

jueves, 16 de agosto de 2007

Desde el atardecer en Douarnenez hasta Quimper

Antes que nada contaros que el viaje lo hemos estructurado alrededor de tres campamentos "base": el primero cerca de Quimper, el segundo en los alrededores de la costa de granito rosa y el tercero y último entre St. Maló y St. Michel.
Hasta llegar al 1º camping, situado en Kervel, tardamos tres días porque con caravana hay que ir muy despacio y tranquilos. Por fin el tercer día llegamos a Quimper y aunque nos costó un poquito en contrar el camping, a las 17:30 ya estábamos instalados allí. Nos tomamos un par de cervezas en el bar y descansamos un ratito, mientras repasábamos las guías y preparábamos los siguientes días. Después fuimos a Douarnenez, el pueblo más cercano, a dar una vuelta por el puerto y cenar algo. Se trata de un pueblecito precioso al lado del mar, con su puerto pesquero y su encanto como podéis apreciar en la foto. Al subir hacia el puerto, tomamos estas fotografías con la marea alta y al bajar de cenar hicimos otras con la marea baja, aquí las subidas y bajadas de la marea son espectaculares y hacen que puedas recrearte en distintos paisajes sobre uno mismo según la hora del día.
La cena: tomamos pescados y mariscos en un bar del puerto llamado "Le Lamparo" que venía en nuestra guía, un menú a base de sardinas a la parrilla para todos. Algunos optaron por pedir luego mejillones (moules allí) y otros marisco de todo tipo (ostras, cigalas, caracoles de mar, berberechos frescos y langostinos). Nos resultó una cena bastante buena a un precio muy económico. Estaba todo riquísimo, incluso el "superhelado" con licor de manzana típico de Bretaña que tomamos de postre.
Al regresar al camping, como era muy tarde, no pudimos entrar con el coche y tuvimos que dejarlo fuera. Nos acostamos pronto porque mañana nos esperaba un día estupendo de turismo por Quimper.

lunes, 13 de agosto de 2007

Bretaña: Tierras celtas de Francia

Hola navegantes, aquí estoy de nuevo. En los siguientes días espero ir contando poco a poco cómo me cautivó este espectacular saliente de tierra francés.
La verdad es que resulta difícil no dejarse llevar por el encanto de Bretaña, tierra de historia y leyendas narradas por sus propios paisajes de bosques y acantilados, un lugar orgulloso de sus raíces y que ha sabido mantener sus tradiciones y costumbres al margen del resto de sus vecinos franceses... éstas racíces se encuentran en los celtas que habitaron la Gran Bretaña actual y se fueron desplazando hasta allí, creando un mundo mágico en este rincón de tierra.


En cada recodo del camino encontramos ermitas, casitas de madera y piedra rodeadas de hortensias de todos los colores, fuentes, bosques encantados, lagos, castillos y pueblos amurallados con callejuelas medievales...